Lo más sorprendente es que ese niño es Dios mismo. Se ha hecho mucho más débil que nosotros para que nosotros podamos tener el poder del que él se ha desposeído: la divinidad.
Ha sufrido la cruz desde su nacimiento para que nosotros podamos vivir ya eternamente.
Que Dios os bendiga por vuestras oraciones y vuestro apoyo.
¡Feliz Navidad!




